El Rey León

El Rey León, película de animación desarrollada y producida por Walt Disney Company en 1994, ha sido llevada al teatro por la directora teatral Julie Taymor, convirtiéndolo en uno de los espectáculos más vistos hasta el momento.

Julie Taymor, conocida por sus innovadoras producciones que combinan actores, máscaras, esculturas, figuras animadas y grandes paisajes escénicos teatrales, ha plasmado en este musical toda su creatividad situándolo en la primera línea de Broadway con sus casi 60 millones de espectadores en todo el mundo.

La forma de caracterizar a cada uno de los personajes, la representación de las numerosas escenas y el como da vida a los diferentes elementos decorativos son fruto de una imaginación y creatividad inalcanzable.

Conservando las características de los personajes de Disney, Taymor utilizó máscaras africanas de madera para proporcionar profundidad a los rostros, encontrándose con el handicap de la expresividad ¿cómo conseguir transmitir con una sola actitud fija la ira, el humor y la pasión de un personaje para contar toda la historia?

Sergi Albert "Scar"

Sergi Albert “Scar”

Para ello, junto con Michael Curry, diseñó unas máscaras gigantes para los personajes de Scar y Mufasa mostrando la expresión facial del actor por debajo de  las mismas y ayudándose del vestuario para potenciar la dualidad humano-animal.

Mientras que la cualidad humana se plasmó con un estilo africano de trabajo de abalorios, fajas, armadura y tela, los trajes se confeccionaron en seda para negar la forma humana y romper la línea de los hombros enfatizando el poder de las articulaciones y los músculos.

Si a todas estas cualidades añadimos la expresión corporal, el resultado es realmente impresionante.

No se necesitan un par de zarpas para recrear una pelea, con un movimiento de hombros hacia adelante y un sistema que situaba la máscara a la altura del rostro conseguían transmitir la fuerza y rabia necesaria para protagonizar la escena.

Para la caracterización de las hienas Taymor se inspiró en la técnica Bunraku.

En esta técnica, datada en el siglo XVI, los artistas son visibles para el público y controlan unas figuras de gran tamaño manipuladas por equipos de tres hombres mientras un narrador cuenta la historia.

El más experto, el único que puede ser visto por el público, maneja la cabeza y el brazo derecho y, los otros dos, están completamente ocultos con ropa negra, controlando la mano derecha con una vara y las piernas.

A diferencia de la técnica Bunraku, en El Rey León, cada hiena estaba formada por una única persona.

La mano derecha manejaba la cabeza de la hiena mientras que la izquierda sujetaba la estructura que simulaba las patas delanteras, donde el artista apoyaba su pecho.

Las piernas del actor representaban las patas traseras y, para unir cuerpo y cabeza, se ayudaban del vestuario.

Ciertos aspectos de esta técnica también se pueden encontrar en el guepardo, donde ambas cabezas iban unidas con unos cables que movían la cabeza del animal hacia la dirección que marcaba el artista y donde las patas delanteras se guiaban con unas varas.

O en el caso de Pumba que movía boca, lengua y hocico.

En lo referente a la escenografía me gustaría destacar, entre su gran variedad de ingeniosos decorados, la estampida.

Me resultó realmente impresionante la forma de representar la carrera de los ñúes hacia el pequeño Simba.

El escenario estaba dividido en tres planos, el último representaba la silueta de los antílopes en la parte alta de la ladera, una vez comenzaba la música, la silueta iba desapareciendo dando paso a una proyección de cabezas de animales cayendo en forma de cascada.

El segundo plano era una ventana gigante y, en el espacio situado entre ella y el plano final, aparecían unos pedales gigante girando con las figuras de los ñúes en sus extremos, activados cuando la primera fila de la proyección llegó al suelo del escenario.

Mientras tanto, en el primer plano, que sería el escenario, Simba corría y corría en el sitio mientras el resto de bailarines, con unas cabezas gigantes que representaban los antílopes, se iban incorporando a la escena. Una vez lleno, las cabezas iban alcanzando la primera posición mientras el león se perdía entre en la multitud.

Lo bueno del El Rey León es que vemos cómo funciona la magia en el escenario. No hay intención de esconder las ruedas y piezas de engranaje que hacen que todo suceda. Los seres humanos que controlan las figuras animadas y llevan puestas las máscaras de los animales se ven por completo. Cada miembro del público de El Rey León tiene un trabajo importante: con su imaginación está invitado a mezclar el “animal” y el humano en un todo mágico.

Esteban Oliver "Zazú"

Esteban Oliver “Zazú”

 

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